Expansión del juego en Puerto Rico afecta a los casinos tradicionales

Expansión del juego en Puerto Rico afecta a los casinos tradicionales

El debate sobre el futuro del entretenimiento y el azar en Puerto Rico ha tomado un nuevo impulso con la presentación del Proyecto del Senado 960, una iniciativa que busca ampliar y flexibilizar las modalidades de juego autorizadas en la isla. Sin embargo, no todas las voces coinciden en que la apertura de nuevas licencias sea el camino hacia la prosperidad económica. El exrepresentante Ángel Matos García ha alzado la voz para advertir que el mercado local podría estar llegando a un punto de saturación, señalando que una expansión indiscriminada no necesariamente se traduce en una mayor recaudación fiscal, sino en una peligrosa dilución de los ingresos actuales.

La propuesta impulsada por la senadora Roxanna Soto Aguilú tiene como objetivo modernizar la oferta de entretenimiento e incluir nuevas operaciones de juegos electrónicos para elevar los fondos públicos. No obstante, Matos García sostiene que esta iniciativa parte de un diagnóstico erróneo sobre la realidad demográfica y turística de Puerto Rico. Según el exlegislador, la isla no cuenta con la base poblacional ni con un flujo de visitantes lo suficientemente robusto como para absorber una oferta masiva de nuevas máquinas y licencias sin perjudicar a los operadores que ya están establecidos y cumplen con sus obligaciones tributarias.

El riesgo de la fragmentación económica en el sector

Uno de los puntos más críticos señalados por el exlegislador es el concepto de la dilución de ingresos. Matos García argumenta que, al autorizar más modalidades de juego en un mercado que ya está maduro, el Gobierno simplemente está obligando a repartir la misma cantidad de dinero entre un número mayor de jugadores corporativos. Esta fragmentación no genera crecimiento económico real, sino que debilita la rentabilidad de las empresas, lo que eventualmente podría derivar en pérdidas operativas y una disminución en la calidad de los servicios ofrecidos al público.

"Puerto Rico no tiene la población ni el flujo turístico suficientes para sostener una expansión indiscriminada de juegos. Este proyecto parte de una premisa equivocada: que más máquinas y más licencias equivalen a más ingresos", afirmó Matos García.

Los casinos como pilar del ecosistema turístico

La preocupación de Matos García también se extiende al impacto que esta medida podría tener sobre la competitividad de Puerto Rico como destino internacional. En la isla, los casinos operan de manera integrada con la industria hotelera, funcionando como un componente estructural que atrae inversión y genera empleos directos e indirectos. Debilitar a los casinos tradicionales mediante una sobreoferta de juegos electrónicos en otros puntos de la isla podría poner en riesgo la viabilidad de importantes complejos hoteleros, afectando la imagen del destino y la seguridad de miles de puestos de trabajo.

Además de los riesgos comerciales, el exrepresentante vinculó esta discusión con la estabilidad de los recursos destinados a sectores sensibles como la seguridad pública. Al reducirse la rentabilidad de los casinos regulados, los fondos que estos aportan al fisco podrían verse comprometidos, generando un efecto dominó en el presupuesto estatal. Ante este escenario, Matos García instó a la Legislatura a realizar un análisis económico profundo y basado en datos reales antes de seguir adelante con una reforma que, a su juicio, provocará que la industria pierda dinero en lugar de ganarlo.

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