Los clubes brasileños evalúan parar el Brasileirão por el veto

La silla vacía fue el primer mensaje. Casi ningún presidente de la Serie A apareció en la reunión que el Ejecutivo había armado para hablar del efecto del veto sobre los clubes, y la mesa terminó cancelada.
Lo que rechazaron, en concreto, fue el crédito blando que el Gobierno les ofreció. Los dirigentes piden otra cosa: que se les dé entre medio año y un año para ir desmontando la publicidad, o que el Supremo Tribunal Federal revise directamente la medida provisoria.
Y ahora sacaron una carta más pesada. Dirigentes de los clubes más influyentes están conversando la posibilidad de suspender el Campeonato Brasileño. Frenar la liga haría estallar un calendario sudamericano que ya viene saturado y dejaría contra las cuerdas a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y al propio Gobierno, a días de la elección. En esa misma línea, el Sindicato Nacional de Asociaciones de Fútbol Profesional (Sinafut) pidió sumarse formalmente a los expedientes que ya tramitan en el STF.
El tamaño del agujero explica la reacción. Catorce de los veinte equipos exhiben una casa de apuestas en el frente de la camiseta, y esos contratos explicaron durante 2025 cerca del 34 por ciento de lo que la categoría entera factura por vía comercial.
Flamengo es el caso testigo. Con Betano tiene un acuerdo de US$46m por año, el más alto que firmó en su historia, y ya proyecta un agujero de hasta US$80m en el presupuesto general. Su presidente, Luiz Eduardo Baptista, lo planteó en términos de caja concreta: preguntó de dónde va a salir el sueldo de Lucas Paquetá en enero, aclaró que en el club todo se hace dentro de la ley y que nadie fue a pedirle ayuda al Gobierno para cubrir deudas, pero avisó que la medida le pega de lleno a los ingresos que esperaba y a los contratos que ya tiene firmados.
Hay un segundo temor, menos contable y más deportivo. Desde 2018, cuando el patrocinio del rubro se expandió, los clubes brasileños armaron un dominio continental casi absoluto: ganaron las siete Libertadores más recientes y llenaron 12 de los 14 lugares de finalista en ese lapso. Retirar ese capital de golpe abre una pregunta sobre el equilibrio regional que en Flamengo ya respondieron sin diplomacia. Baptista dijo que en Argentina están celebrando, y que nadie debería dudar de que esto va a debilitar todavía más al fútbol brasileño y fortalecer al argentino.
La lógica del negocio acompaña esa lectura. Si no pueden hacer publicidad en Brasil, las casas de apuestas van a mudar lo que gastan en patrocinio e inversión hacia otros mercados, y los clubes argentinos aparecen como los primeros candidatos a captar la atención de marcas internacionales que buscan exposición en Sudamérica.
A días de los comicios presidenciales, el conflicto dejó de ser deportivo. Mientras Lula defiende la prohibición, su rival Flávio Bolsonaro salió a reunirse con dirigentes y con hinchadas organizadas para capitalizar el malestar, y convirtió al fútbol en uno de los terrenos donde se juega la elección.
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